Opiniónhace 6 días

Campagnolo acaba de romper 93 años de propiedad familiar al vender una participación minoritaria a un SPAC después de que las pérdidas superaran los 24 millones de euros y obligaran a una reestructuración interna para evitar despidos a principios de año. La independencia definió la marca durante casi un siglo; ahora es lo que se negocia por capital.
El SPAC también tiene una participación en Pinarello, pero la declaración de Campagnolo insiste en que ambas operarán de forma completamente independiente — una línea muy fina para una empresa cuya identidad siempre ha descansado en hacer las cosas a su manera, internamente, en Vicenza. La familia mantiene el control mayoritario, pero esta es ya la segunda grieta en la muralla: en marzo, el exbanquero Matteo Cassina se convirtió en el primer outsider en sentarse en el consejo de Campagnolo. Un portavoz lo calificó como «un momento muy delicado, y un día importante para Campagnolo como empresa, y también para la familia Campagnolo» — el tipo de frase que usas cuando el pragmatismo ha ganado en silencio.
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